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El miedo, la ansiedad y el COVID-19

Por Dra. Christina Herrera, psicóloga clínica


No hay duda de que la situación que estamos atravesando tiene un impacto en nuestros sentimientos y en nuestro ánimo. La incertidumbre ante el COVID-19, la caída de la economía, el aislamiento, el cambio en nuestra rutina de vida, el homeschooling, las noticias, en fin todo lo que nos ha tocado vivir en este 2020 se combinan para sacar de carrera a cualquiera.

Ponte la mascarilla, no toques nada, lávate las manos, mantén 6 pies de distancia, no visites a nadie son algunas de las instrucciones que nos acompañan desde marzo. ¿Como te sientes después de leerlas?  Quizás sientes ansiedad, puede que tengas deseos de reír o de llorar.

Esta nueva rutina afecta directamente como nos sentimos. La emoción más evidente es el miedo, algo muy común en situaciones en que no tenemos control o corremos peligro. El miedo es una emoción universal y es necesaria para sobrevivir. Ante el posible contagio del COVID-19 tener miedo nos ayuda a mantenernos alerta y a utilizar todas las medidas para cuidarnos. Ahora, si más allá del miedo que te ayuda a prepararte lo que sientes es angustia y pasas gran parte del día dándole vuelta a estos pensamientos o nervioso, esto podría ser un síntoma de un problema o un trastorno de ansiedad.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una reacción humana natural, un mecanismo de defensa que nos ayuda a adaptarnos, a anticipar y responder a diferentes situaciones. Podríamos describirla como un sentimiento de inquietud, preocupación, temor o pánico por algún evento futuro que puede ocurrir.

El sentir ansiedad moderada puede ser positivo ante los retos que tenemos por delante después del COVID-19. Sin embargo, cuando la ansiedad produce un deterioro en las actividades normales de la persona se considera un trastorno. Cuando experimentamos un ataque de ansiedad o pánico el miedo se apodera de nuestra mente, los pensamientos toman control de cómo nos sentimos y como reaccionamos. La ansiedad nos puede afectar a nivel laboral, personal y en nuestras relaciones sociales. Es importante que consultes a un profesional de la salud si estás presentando estos síntomas. Recuerda, pedir ayuda es un acto de valentía.